24 de agosto de 2007

Capítulo 9: Punto de inflación

Subieron, pues, raudos y lentorros, al sótano.

- Es el único sótano libre que tengo esta noche -dijo Don Ducados, un paquete de Ducados gigante-. ¿Tenéis fuego?

Don Ducados se marchó fumándose un brazo y les dejó en aquel oscuro sótano.

- Hay demasiada luz -dijo el Nano (él no sabe que es gitano)–. Voy a subir las persianas. Luego podremos desnudarnos y beber cocido encima del microondas…
- No empieces, tenemos que elaborar un plan de escape lo suficientemente estúpido para que los almorranos no nos pierdan la pista -razonó Franco mientras se ponía una blusa para dormir–. Además, aun tienes que limarme las verrugas de los pies…

Entrada la noche, oyeron pequeños gemidos en una de las esquinas del redondo sótano. En efecto, luces multicolor salían de una pequeña ratonera. Nuestros héroes de entretiempo se acercaron y descubrieron un cartel que anunciaba: “La teta ratonera enroscada: abierto hasta que se acabe el queso”. ¡En efecto! Nuestros amigos contemplaban atónitos y sin ningún asombro ¡un prostíbulo para ratones!

- ¿Sabes qué es lo que me apetece ahora realmente? -Preguntó el Nano (el viernes le metieron un troyano).
- ¡Colgar los pantalones en el ventilador del techo mientras gritas “no, señora Higgis, no me sé el subjuntivo”!
- Malditos sean tus ojos… ¡Tú te has leído el guión!